

En distintas visitas fueron llegando mis hermanos, a sacarse fotos con la bebita en brazos. Todavía falta uno... ¡Veremos si llega antes del primer cumpleaños!


El evento que me atrajo y que presencié completo y ávidamente fue la presentación de Los Montaraces del Amor, quienes tocaron 6 o 7 temas -incluyendo dos de su nuevo disco- mientras el público coreaba las letras y bailaba enfervorizado. 





El sábado, para festejar la primer semana de vida de Helena Sofía, recibimos visitas. Vinieron unos cuantos familiares, varios que no la conocían todavía (por las vacaciones de invierno, no habían ido a la clínica). Elegí solamente un par de fotos para no aburrir, aunque las demás están a disposición de los familiares.



Sí, ya sé que el título sugiere otra cosa. Pero es literalmente cierto.


Tuvimos chocolates de Jícara para ofrecer a las visitas. Es una casa de café y chocolates de primerísima calidad, del cuñado de mi jefe. Nos abastecen de café en la oficina.



Acá es donde pueden "cansarse" de ver a la bebé con distintos modelitos y en distintas versiones de su posición más frecuente a lo largo del día: la horizontal. En general, tiene los ojitos cerrados, pero en alguna ocasión la pescamos mirando algo con ojos bien abiertos.


Estas son las primeras fotitos de la bebé en su posición preferida: a upa. Los bebés nunca se cansan de estar en brazos, está científicamente demostrado.
Luis, el padre de Alejandra, es el único abuelo de Helena Sofía, ya que mi padre murió muy joven. Para compensar eso, este hombre no para de multiplicarse para ayudarnos. Va, viene, nos lleva en auto y hace de courier para la leche de la primita Zumaia también.
Quiero pedirles disculpas a todos por este prolongado “silencio de radio”.
Sepan que estamos todos bien: el martes 31 por la mañana nos dieron las respectivas altas en la clínica y el abuelo Luis se hizo un rato para acudir a la Trinidad y llevarnos a casa. Así tuvo el placer de ver el primer paseo en coche de Helenita (lástima que estaba manejando y no pudo ver mucho).
Llegar a casa fue mucho mejor, un verdadero placer. No más enfermeras, no más gente entrando en cualquier momento (doctores, nurses, enfermeras, camareras e inclusive una fotógrafa, una promotora de OSDE y una persona del sanatorio que quería vendernos el servicio de Internet en la habitación).
Ahora estamos solos los dos flamantes padres, armando nuestras nuevas rutinas. Alejandra se preocupa sobre todo de la lactancia, que en este momento requiere casi media hora de preparación previa entre paños calientes y masajes. Estuvimos trabajando con el Conde Calostro y ahora tratamos de esquivar la Monstruosa Mastitis. Yo no entiendo mucho de eso, para mí son como los luchadores de Titanes en el Ring (referencia sólo para nuestra generación). Esto es además cada cuatro horas, lo que no nos deja mucho tiempo.
Yo hago un poco de todo, trato de organizar y mantener las cosas en vereda. La verdad, dormimos casi nada pero estamos muy contentos.
Todo esto nos requiere mucha energía y mucho esfuerzo de adaptación y muy poco descanso. Por eso, en este momento, nos estamos encerrando adentro y nos aislamos un poco. Puede ser un poco antipático, pero ya comprobamos en la clínica que atender a la gente, por más que nos encanta que nos visiten y nos llamen, AGOTA.
Así que bajé los timbres de todos los teléfonos y los celulares. La gente que llama puede dejar mensajes en el contestador, que anda bárbaro, y cuando tenemos un rato los escuchamos. Cuando tenemos tiempo y ganas (en mi caso, casi nunca: saben que odio el teléfono) respondemos los llamados.
Todavía no pude tampoco responder los emails, tengo más de 60 y cada uno merece una respuesta, aunque sea mínima. Es impresionante el cariño que nos demuestran todos, lo agradecemos mucho, y les pedimos que tengan un poco de paciencia mientras nos recuperamos y ganamos experiencia.
También seguimos generando fotos, que me muero de ganas de compartir con ustedes: ni siquiera tuve tiempo de subirlas a este blog. Pero ya falta muy poco.