
Ahora la panza de Alejandra se muestra en la entrada al noveno mes. Ya estamos en la cuenta regresiva final, yo me apuro a terminar la programación de la tesis porque Alejandra todas las noches dice que mañana nace. Y algún día acertará, seguro.



Y llegamos al final de esta noche de alegría, de asado, de brindis y vida familiar. No tenemos fotos del asado en sí, porque estábamos todos muy ocupados comiendo. No faltó ni el aplauso para el asador, ni la riquísima torta acompañada por crústulas de Isabel, mi suegra (sentada junto a su hermano Mario en la primera foto). La alegría desbordante de Luis alcanzó su clímax en el momento tradicional de apagar las velitas, cosa que hizo rodeado de todas las niñas, entre gritos y risas.

Otra tanda de fotos mientras esperamos la cena. En este caso, alrededor del Alma Bohemia. Esa pequeña estatua de un viejo que le regalamos a Luis hace tiempo para que se entretuviera pintándolo. El vistió su yeso blanco e inexpresivo y lo transformó en un viejo simpático, algo ebrio y artista, bohemio por más señas y por si cabe duda le colocó entre las manos unos versos tangueros. Este singular compañero eligió para enfocar las fotos junto al tío Mario, a sus amigos Mimí y Saúl y al grupo que completan su yerno Germán y Tito Tubio, otro amigo y visitante frecuente de Bragado.


Algunas fotos familiares mientras se terminaba de preparar el asado: Luis posando de abuelo con Leila y Agustina, ellas dos con los tíos Carlos y Alejandra y Luis con los benjamines de la familia: su hijo Javier y su sobrino Bilal. Notarán los detalles siempre presentes de color... de color verde y negro. El dice que son los colores de la tierra y del pasto.

Aquí empieza una tanda de fotos del cumpleaños de mi suegro. Luis es el padre de Alejandra, mi esposa. Es el que figura solo en la primer foto. En la segunda está acompañado del tío Antonito, su hermano mayor.

